Martes, 02 de agosto de 2005
Me gusta como aprendiste a alardear de tus carencias...
Recuerdo cuando aún temías ser nadie y mírate, te has crecido, y no se si para bien o para mal.
Sabes que no me hace falta campo de batalla, esta guerra la gané hace tiempo.
Yo también crecí, me hice mujer, adiviné qué me deparaba el destino (hoy se que no juega limpio), dancé con mil demonios más fuertes que tú, dormí con la caída de mi imperio y me levanté. Renací de todo ello y soy grande. Ahora puedo mirarte con desprecio si es lo que quieres pero sólo podría volver a amarte si yo quisiera.
Quizás duela cada una de las batallas pero esta vez no admitiré que salgas por la puerta de atrás, cobarde. Querías jugar sucio? Bien, empecemos, no tengo miedo ni a tus renglones torcidos del desprecio ni a tus ganas de superarte poniéndome a prueba.
Yo no elegí esta guerra, así que ahora sólo te tocar esperar las consecuencias. Las armas están sobre la mesa: mi noche y tu día, la libertad de mi palabra y la censura de tu prohibitiva prosa, mi verdad y tu simplona oscuridad, mi lucidez creciente y tu profunda tristeza mortal.
Luchemos pues. Al final de esta locura te volveré a tender la mano y recogeré los jirones que un día ya cosí con la dulzura que te rindió a mis pies...
Ese volverá a ser el final de esta historia.
Por: monica | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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